lunes, 30 de septiembre de 2013

Colombia - El latifundio, ese viejo obstáculo para la paz

 Los latifundistas tienen millones de hectáreas de tierras que vaya a saber cómo hicieron para acumularlas. De esas millones de hectáreas utilizan muy pocas, en algunas tienen ganado pastando y otras las arriendan a “los sin tierra” para que las trabajen para ellos.
Para tener la tierra los latifundistas amenazaron, desterraron y masacraron, llevan décadas repitiendo ciclos de despojo sobre los campesinos y colonos. Hoy van por las tierras de los Llanos y la Orinoquía, tierras que fueron domesticadas por los desterrados de hace décadas. Los latifundistas, que son buenos para jugar al fraude de títulos, a la falsedad, al lavado, al testaferrato, hoy se ponen la máscara de inversionistas y se sientan en el gabinete de gobierno.
¿Hay algún latifundista que pague impuestos, hay alguno que no haya recibido subsidios del Estado, hay alguno que los haya usado para producir? El latifundismo es un engordar perpetuo a la sombra de la renta. Un día vendrá otro latifundista más “gordo”, algún mafioso o alguna empresa y la tierra se venderá cara. El terrateniente vive a la espera de la valorización, no faltan las obras públicas que pasando por sus tierras le subirán el precio a la tierra.

Las tierras más fértiles, con mejores aguas para riego, las más cercanas a los mercados de los pueblos y ciudades, están en manos de latifundistas. El reverso de la tenencia concentrada e improductiva de la tierra es el desplazamiento, el desarraigo, el desempleo y la miseria de millones de personas en las grandes ciudades.

El poder político de los latifundistas deriva de la propiedad de la tierra por eso su cerrazón a aflojarla. ¿Habrá un gobierno que pueda torcerles el brazo o le tocará hacerlo al movimiento agrario?

Mientras perviva el latifundismo el campesinado estará aplazado y condenado, solamente la abolición del latifundio y el reparto de la tierra entre los campesinos y trabajadores del campo puede sentar las bases para una paz estable y duradera. La lucha por la paz tiene un largo trecho.

Macario Martínez
prensarural.org

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