domingo, 27 de octubre de 2013

Aminetu Haidar: El Sáhara Occidental es una olla a presión: “Los jóvenes nos piden volver a las armas”

 
Exige a la comunidad internacional que vuelva a poner el foco en el conflicto porque las "nuevas generaciones ya no creen en la resistencia pacífica frente a la represión sistemática de Marruecos"

ImagePúblico.- Aminetu Haidar tiene la espalda quebrada. Aquella huelga de hambre en 2009 y las palizas que ha sufrido en los últimos tiempos le han dejado el cuerpo roto. Persigue desde hace 25 años el sueño de recuperar para su pueblo la independencia del Sáhara Occidental, que Marruecos ocupa militarmente desde 1976, cuando España abandonó aquellas tierras a su suerte.

Aminetu reconoce que en estos años se ha avanzado poco. Ahora, se queja, la comunidad internacional, con las miras puestas en asuntos económicos, les ha dejado un poco más solos: llega menos dinero a los campamentos de refugiados y el problema está mucho más enquistado: “Ya no hablamos de independencia, hablamos de que se nos respeten los derechos humanos”. Denuncia la activista, que la resistencia pacífica de la que ha hecho gala siempre su pueblo y ella misma, no cala ya en las generaciones más jóvenes, que observan con rabia e impotencia cómo se sigue deteniendo, condenado y encarcelando a familiares y vecinos, a veces sólo por opinar. “Empiezan a decirnos claramente que con nuestra forma de resistencia no llegamos a nada”. “Los jóvenes empiezan a ser muy críticos con el Frente Polisario para que retomen las armas”, advirtió ayer tajante la activista en Sevilla. Hoy participa en unas jornadas en la Universidad Pablo de Olavide sobre Derecho Humanos en el Sáhara Occidental.
Jóvenes que viven en un ambiente marginal y hostil, sin una ocupación y bajo la presión marroquí. Una situación que Aminetu teme que se complique aún más y estas nuevas generaciones decidan “llamar la atención de la comunidad internacional optando por la vía violenta, como ha pasado en Siria”, advierte, tras reconocer que el Sáhara Occidental es una olla a presión en la que la represión se da de forma sistemática en todos los aspectos: “No tenemos derecho a asociación, ni a manifestación, ni a opinión…”. “Marruecos no respeta nada”, insiste con firmeza, mientras recuerda cómo, en marzo, durante la visita del enviado especial de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sahara Occidental, Christopher Ross, la Policía marroquí “reprimió de forma feroz a los manifestantes, hombres, mujeres y niños… que sólo querían transmitirle a Ross que el pueblo estaba comprometido con su derecho a la autodeterminación y a la independencia. “A mí me empujaron, me pegaron y encima me acusaron de estar quemando neumáticos… ¡Es increíble!”.

Pero el lado más doloroso de esa lucha constante que mantiene desde hace un cuarto de siglo no son los golpes, las torturas, ni las detenciones forzosas, ni la impotencia ante la desidia de la comunidad internacional. Aminetu tuerce el gesto cuando se le pregunta por sus hijos. “Sufren mucho por mí, por la situación”, afirma muy bajito, con un español casi perfecto. “Los profesores de su colegio son marroquíes, así que los tienen muy señalados”. Y confiesa con cierta culpa: “Marruecos está haciendo todo lo posible para echarme por tierra, hay gente que ha ido a su colegio a ofrecerles droga, para que después salga en todos lados que los hijos de la activista…”. Y calla.

Es una situación que, según Haidar, que ya ha sucedido con otros jóvenes. Por eso, aunque reconoce que no hay una radicalización extrema, ni tiene conocimiento de que haya grupos terrorista, como Al Qaeda, que estén intentando llegar a ellos: “La presión de estos jóvenes puede afectar mucho en el futuro si la comunidad internacional sigue con su silencio”.

El conflicto se ha saldado en los últimos tiempos con “82 presos políticos, de los cuales 17 son activistas de derechos humanos”. Según Aminetu, 22 han sido condenados por un tribunal militar con “duras sentencias que van desde los 20 años a la cadena perpetua“. Ante la denuncia de esta situación ante los organismos internacionales, los saharauis sólo han obtenido, una vez más, el silencio.
“EL REY DE ESPAÑA TAMBIÉN ES RESPONSABLE”

“Sólo el rey de Marruecos puede resolver este problema, porque el origen de todo está en la Casa Real”, advierte Haidar, que denuncia los escasos esfuerzos que está haciendo España para mediar en el conflicto. Va más allá: “Si hay ocupación es gracias al rey de España, pues fue él quien firmó los acuerdos de 1976 con Marruecos y Mauritania”. Crítica con la buena relación entre ambos monarcas, Haidar exige que el rey español “deje esa ambigüedad con el problema” y dé un paso al frente para resolver el conflicto.

Muy crítica, asimismo, con la posición del Gobierno español en el proceso impulsado por la Misión de Naciones Unidas para el referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO), Aminetu denuncia que, pese a los intentos de EEUU por que la misión ampliara sus competencias en la zona, por ejemplo en la mayor protección de los derechos humanos, Francia y España bloquearon la iniciativa, por lo que la MINURSO les genera ya poca confianza.


LOS SAHARAUIS RECONOCEN A WILLY MEYER

La activista saharaui participa hoy en la Jornada de Derechos Humanos en el Sáhara Occidental, en la Universidad Pablo de Olavide (UPO), en Sevilla. Durante esta charla,  se presentarán los libros El derecho internacional y la cuestión del Sáhara Occidental, de varios autores y editado por la Plataforma Internacional de Juristas por el Timor Oriental (Ipjet). También la obra Meheris: La esperanza posible: Fosas comunes y primeros desaparecidos saharauis identificados, de Carlos Martín Beristain y Francisco Etxeberria Gabilondo. Un libro, este último, en el que se denuncia la existencia de fosas comunes en las que, según la Asociación de Amistad con el Pueblo Saharaui de Sevilla, se han hallado “los restos de personas que tenían el carné español y que murieron asesinados por Marruecos en 1976″.

Finalmente, el eurodiputado Willy Meller recibirá el Premio a la Solidaridad Juan Antonio González Caraballo, por su trayectoria personal y política en defensa de los derechos y en defensa de la libertad del pueblo saharaui. “Es un ejemplo brillante del trabajo en defensa de los derechos humanos de los pueblos oprimidos”, dijo ayer el presidente de la Asociación de Amistad con el Pueblo Saharaui de Sevilla (Aapss), Fernando Peraita.


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